Lucas Montojo rescata a las mujeres de la América del siglo XVI
Entrevistamos al historiador Lucas Montojo por la presentación en Casa de América de su primera novela histórica: El secreto de ultramar. Lucas Montojo explica que el origen del libro está en una estancia en México, donde trabajó en la universidad y entró en contacto con investigaciones previas sobre el papel de las mujeres españolas en América. Aquello fue un descubrimiento decisivo: allí empezó una investigación que más tarde culminaría en España y que, finalmente, decidió transformar en novela. El libro es, en sus palabras, “la adaptación a novela de toda la investigación que empecé en México y que terminé en España”.
Aunque es historiador, Montojo optó conscientemente por la ficción y no por el ensayo académico. Reconoce que muchos historiadores sienten “un complejo grande” a la hora de trasladar sus investigaciones a géneros con mayor difusión, pero él no lo comparte. Considera que la novela permite que el conocimiento histórico no se quede encerrado en la universidad, sino que llegue al público general, y defiende que aquellas historias “tan impresionantes” merecían ser contadas más allá del ámbito académico.
La protagonista de la novela, María, abandona Sevilla para cruzar el océano rumbo a América. A través de este viaje, el autor explora la superación personal y el miedo a lo desconocido, recordando que incluso el simple hecho de no saber nadar fue “un filtro muy grande” para quienes se plantearon cruzar el Atlántico en el siglo XVI. El viaje simboliza la posibilidad de dejar atrás un pasado miserable y la esperanza de que la vida pueda ofrecer algo más. En el caso de María, ese salto al vacío transforma su destino y le permite descubrir una realidad que cambia su vida por completo.
La novela, basada en hechos reales, retrata una sociedad profundamente dominada por hombres, pero la investigación histórica llevó a Montojo a una revelación clave: las mujeres habían quedado prácticamente invisibilizadas. Mientras se conocía “del derecho y del revés” la actuación de los hombres en América, el papel femenino había pasado desapercibido. Sin embargo, lo que encontró fue que, “de una manera muy discreta”, las mujeres habían desempeñado funciones fundamentales.
En América, las mujeres del siglo XVI fueron prestamistas, estuvieron vinculadas a la educación y la imprenta, demostraron una notable capacidad empresarial y gestionaron patrimonios importantes. Compraban solares en la Ciudad de México, construían y alquilaban casas y, en muchos casos, multiplicaban la herencia recibida de sus maridos. La comparación entre testamentos resulta especialmente reveladora: mientras ellos dejaban un patrimonio limitado, los testamentos de ellas “multiplicaban por dos y por tres” lo heredado.
El concepto de “ultramar”, que da título a la novela, va más allá de un espacio geográfico. Para Montojo, simboliza dar “un paso hacia algo desconocido”, un gesto valiente cargado de esperanza, aunque no siempre con un resultado positivo. Ultramar representa la posibilidad de progresar, de mejorar las condiciones de vida y de imaginar una existencia distinta a la que parecía escrita de antemano en el lugar de origen.
Desde esa perspectiva, el autor cree que la novela puede aportar al diálogo entre España y América sobre el pasado compartido. El secreto de Ultramar ofrece una radiografía de una sociedad compleja y cosmopolita, poblada por peninsulares, criollos, indígenas y personajes diversos, sin caer en el revanchismo ni en lecturas simplistas. No se trata de dividir la historia entre buenos y malos, sino de mostrar una realidad histórica rica y literariamente atractiva.
En paralelo, Montojo reflexiona sobre su propia trayectoria profesional, en la que conviven docencia universitaria, investigación, divulgación y escritura. Para él, el equilibrio pasa por investigar con rigor y publicar esos resultados de forma accesible. La novela histórica le ha ofrecido una libertad creativa inédita hasta ahora y reconoce que ha disfrutado intensamente del proceso. Tras un primer paso intermedio con La otra familia del Rey, considera que los historiadores deberían atreverse más a escribir novela histórica, precisamente para evitar errores y aportar conocimiento experto a la ficción.