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Mujeres de América Latina por la igualdad

Pasos que ocupan la calle y una memoria que se resiste a quedar en los archivos. En América Latina, la lucha por los derechos de las mujeres nunca ha sido la voz de una sola persona. Ha sido, desde el principio, un coro.  

Desde Casa de América queremos recordar y celebrar a algunas de esas mujeres que, desde distintos lugares y generaciones, construyeron -y construyen- caminos hacia la igualdad. 

Las de ayer  

La paraguaya Serafina Dávalos, primera abogada del país, introdujo el feminismo en el ámbito académico y jurídico; en su tesis Humanismo (1907) planteó ya el “problema de la mujer” como una cuestión social y política. La mexicana Hermila Galindo tomó la palabra desde la prensa y dirigió en 1915 el semanario La Mujer Moderna, así como la dominicana Petronila Angélica Gómez lo haría con la revista Fémina: ambas impulsando el sufragio femenino desde el periodismo. La salvadoreña Prudencia Ayala llevó esa idea aún más lejos: en 1930 se presentó como candidata a la presidencia en un país donde las mujeres ni siquiera podían votar. Y aunque la Corte Suprema de Justicia terminó por impedírselo, ella utilizó la atención mediática y jurídica de su caso para dar visibilidad y cuerpo a la causa sufragista. 

Otras pioneras trasladaron esa lucha al derecho y a cuestiones más interseccionales. Las abogadas Ángela Acuña (Costa Rica) y Clara González (Panamá) impulsaron organizaciones feministas y promovieron durante décadas tanto el sufragio femenino como la protección legal de la infancia. Desde Ecuador, Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña organizaron sindicatos indígenas, impulsaron la educación bilingüe, defendieron los derechos de las comunidades rurales y promovieron importantes reformas agrarias. 

Las cuestiones feministas tuvieron una dimensión cultural y artística desde muy temprano. La peruana Clorinda Matto de Turner, precursora del género indigenista, situó en el centro del debate literario las desigualdades estructurales de su tiempo hacia mujeres e indígenas. En Chile, la gran Gabriela Mistral vinculó su obra a la defensa de la educación, la infancia y la dignidad de las mujeres. En Colombia, la pintora Débora Arango desafió desde el arte los roles tradicionales de género, retratando con una mirada crítica y transgresora la desigualdad social y la condición femenina en la primera mitad del siglo XX, siendo fuertemente censurada durante gran parte de su carrera. 

En el ámbito internacional, la bióloga brasileña Bertha Lutz y la diplomática dominicana Minerva Bernardino desempeñaron un papel decisivo. Ambas fueron dos de las únicas cuatro mujeres que firmaron la Carta fundacional de las Naciones Unidas en 1945. Entre los 153 delegados firmantes, su intervención fue clave para que el preámbulo reconociera explícitamente la “igualdad de derechos entre hombres y mujeres” y para evitar que el lenguaje del documento identificara a la humanidad únicamente con el término “hombre”.  

... y las de hoy 

Las preguntas que muchas de esas mujeres plantearon o intentaron responder siguen vigentes hoy. Con la conquista de numerosos derechos, esas cuestiones han cambiado de escenario, de lenguaje y de formato, pero continúan presentes en la labor de muchas mujeres que hoy participan en el debate público latinoamericano. 

La antropóloga mexicana Marta Lamas ha contribuido durante décadas a situar el feminismo en el centro del debate académico y político, especialmente en cuestiones relacionadas con los derechos reproductivos y la igualdad de género. En esta misma línea y desde Argentina, la antropóloga Rita Segato ha renovado el pensamiento feminista latinoamericano con sus análisis sobre violencia de género, colonialidad y poder, situando estas problemáticas en un marco histórico y cultural más amplio. 

En la literatura y la cultura, la cubana Nancy Morejón ha convertido la poesía y el ensayo en un espacio para reflexionar sobre la identidad, la memoria y la negritud en el Caribe. Desde Nicaragua, Gioconda Belli y, desde Venezuela, Ana Teresa Torres, han explorado en sus obras la relación entre memoria, identidad y experiencia femenina. O la escritora y poeta boliviana Paola Senseve Tejada, que representa a una nueva generación de autoras que siguen esa misma tradición. 

Las luchas feministas contemporáneas también dialogan con los movimientos sociales y ambientales de la región, con voces que entienden la igualdad desde una perspectiva más interseccional. En Guatemala, la pensadora maya-xinka Lorena Cabnal ha desarrollado el concepto de feminismo comunitario territorial, que vincula la defensa del cuerpo con la defensa de la tierra. Desde Honduras, Bertha Zúniga Cáceres continúa el legado de las luchas indígenas y ambientales lideradas por su madre, Berta Cáceres, en defensa del territorio lenca. En Uruguay, la activista Lilián Celiberti ha articulado durante décadas el feminismo con la defensa de los derechos humanos y la memoria democrática en el Cono Sur. 

El debate se amplía también en el periodismo y la divulgación. La periodista puertorriqueña Bianca Graulau investiga fenómenos como la gentrificación y el desplazamiento de comunidades en el Caribe, mientras que la influencer y comunicadora peruana Alessandra Yupanqui aborda las desigualdades sociales y culturales desde la divulgación del contexto andino, conectando identidad, territorio y realidad social en sus contenidos. 

Si las sufragistas lucharon por abrir las puertas de la ciudadanía, las voces feministas de hoy amplían ese horizonte incorporando nuevas preguntas sobre identidad, territorio, memoria o justicia. Porque la lucha por la igualdad no avanza en línea recta ni pertenece a una sola generación. Es, más bien, un diálogo continuo entre las de ayer y las de hoy: entre la herencia, lo construido y el camino que aún queda por recorrer. Cada 8 de marzo vuelve a recordarnos que la igualdad nunca ha sido un punto de llegada, sino un proceso en marcha.  

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